Piscina de sal: cómo funciona de verdad y los cinco errores habituales
La expresión "piscina de sal" hace pensar que no lleva cloro. Lleva. Lo que cambia es de dónde sale: en lugar de comprarlo en garrafas, lo fabrica la propia instalación a partir de la sal disuelta en el agua.
Cómo funciona
El agua salada pasa por una célula con placas de titanio por las que circula corriente continua. La electrólisis descompone el cloruro sódico y genera cloro libre, que desinfecta y después se recombina en cloruro. El ciclo se repite indefinidamente: la sal no se gasta, solo se pierde con el agua que sale de la piscina.
La concentración típica está entre 4 y 6 g/L según el fabricante, muy por debajo de los 35 g/L del mar. Calcula los kilos que necesitas con la calculadora de sal.
Las ventajas reales
- Agua más suave y sin olor a cloramina, porque el cloro se genera de forma continua y en concentración baja.
- No hay que almacenar productos peligrosos en casa.
- El coste por temporada baja una vez amortizado el equipo.
Los cinco errores habituales
- Creer que ya no hay que medir nada. Hay que medir pH y cloro igual que en una piscina convencional. La electrólisis tiende a subir el pH, así que necesitarás reductor con regularidad.
- No vigilar el estabilizante. Una piscina salina al sol sin ácido cianúrico pierde el cloro que genera a la misma velocidad que lo produce. Mantenlo entre 30 y 50 ppm.
- Dejar la célula sin limpiar. Las placas se incrustan de cal, sobre todo con agua dura y pH alto. Una célula incrustada produce menos cloro aunque el display diga lo contrario. Revísala cada dos meses y límpiala con solución específica o ácido muy diluido, nunca rascando.
- Añadir sal de golpe. La sal se disuelve despacio. Repártela por la piscina con la bomba en marcha, cepilla para ayudar y espera 24 horas antes de volver a medir.
- Ignorar la corrosión. El agua salina ataca los metales. Vigila herrajes de escaleras, focos y anclajes, y no dejes que el pH baje de 7,2.
¿Compensa?
El equipo cuesta entre 500 y 1.500 € según el volumen, y la célula se cambia cada 5–7 años por unos 200–400 €. Frente al gasto anual en cloro de una piscina familiar, la amortización suele estar en el entorno de las cuatro o cinco temporadas. Por debajo de 30 m³ el cálculo rara vez sale a favor; por encima de 60 m³ casi siempre sí.
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